Un camino de lucha y felicidad

Por: Diego Alejandro Vásquez Pérez

En este espacio quiero hablarles de la historia de Kevin López Escobar, nacido en la Ciudad de Medellín, Antioquia un 12 de enero de 1998, mide 1,68 cm de estatura, pesa 58kg; vive en el barrio Florencia en Medellín límites con el Municipio de Bello, convive con 2 primas de parte de mamá, en un edificio de 3 pisos; él se la pasa entre el segundo y tercer piso. Es de piel morena y ojos color café algo rasgados, tiene una mirada poco expresiva, neutral, pues puede parecer que esta serio, triste o alegre al mismo tiempo, usa gafas casi la mayoría del tiempo, pues padece de miopía y astigmatismo. Su forma de vestir es casual, no usa muchos accesorios, lo único que siempre se pone al vestirse es una manilla que le regalo uno de sus mejores amigos, que se la trajo de un viaje que hizo al mar; le gusta estar de tenis y jeans.

 Dice que quiere subir de peso, pero no engordar, sino ser más fuerte y robusto, uno de sus propósitos es sacar una buena pierna ah, y tener unos buenos glúteos; se ríe cada vez que lo dice, pues acepta que no es constante con el ejercicio, ya que le puede más las ganas de dormir y la pereza. Su cabello es color castaño oscuro, hoy en día dice que está jugando con las tendencias de cambiar de color su pelo y atreverse a verse diferente.“Me gustan los cambios, aunque nunca me había atrevido a cambiarme el color del pelo, pero un día me levanté con una energía extraña y con ganas de verme diferente, y pensé en las publicaciones que he visto en las redes sociales de hombres con el pelo de colores en tonos monos y morados y era tendencia, entonces me dije, quiero tenerlo así, qué más da ser un poco atrevido en esta cuarentena; revise mi billetera para ver con qué dinero contaba, no había mucho, pero compartí mi idea con mi tía  Alejandra que vive en el tercer piso y me dio la liga”.

Me gustan los cambios, aunque nunca me había atrevido a cambiarme el color del pelo, pero un día me levanté con una energía extraña y con ganas de verme diferente, entonces me dije, quiero tenerlo así, qué más da ser un poco atrevido en esta cuarentena»

El antes y el después

Es el mayor de 5 hermanos, dos de ellos son por parte de papá y los otros dos por parte de mamá que son mujeres, con las que ha compartido desde siempre, mientras que con los hermanos de parte de papá es muy poco lo que ha compartido, de hecho asegura que el afecto que siente por ellos es muy poco, pues no han tenido la oportunidad de relacionarse como verdaderos hermanos dado a que los padres de Kevin son separados desde antes de él nacer. La relación amorosa de sus padres fue pasajera, no se entendían, la convivencia era pesada y frustrante para su madre, ya que el padre de Kevin le gusta mucho tomar licor y no respetaba los espacios en familia y llegaba siempre ebrio y sin un peso en el bolsillo.

Cuando Kevin tenía 5 años de edad su madre consigue una pareja sentimental con la que al poco tiempo se organizan y deciden formar un hogar, en ese momento Kevin recuerda que en medio de su inocencia y corta edad sentía alegría de tener el cariño de un padre y sus cuidados. Su padre nunca respondió por él, sentía que lo rechazaba, nunca hubo una muestra de amor y cariño, al verlo hoy, lo siente como un desconocido. A su madre le tocó los primeros años criarlo sola con la ayuda de sus abuelos, fue una época de muchas dificultades económicas y emocionales para ella. Kevin,  cuenta que su padre nunca mostró interés por acompañarlo en su crianza, no tiene ningún recuerdo estando con él. Su madre le cuenta que desde que nació siempre estuvo lejos, ni una llamada, ni una visita…

Poco después de que su madre se fuera a vivir con su padrastro, Kevin recuerda que al principio este señor era muy atento y comprensible, pero al poco tiempo su comportamiento y trato hacia él cambiaron; empezó a ser violento y fuerte con sus palabras y actos, recibiendo en  muchas ocasiones golpes en su cuerpo porque a él no le gustaba algo o porque simplemente lo decidía hacer, su madre no intervenía y eso le causaba frustración; no podía hace nada pues era  muy pequeño.

Al pasar los años, los maltratos y desprecio de su padrastro continuaron, lo único que lo sacaba de esa realidad llena de “oscuridad” como él lo define, era cuando su madre lo llevaba donde sus primos y sus tíos, sentía que el ambiente cambiaba completamente y no le provocaba volver a su casa. “Recuerdo que me divertía al máximo con mis primos, montábamos bicicleta, nos llevaban al parque y comíamos helado, amaba compartir con mi abuela materna, ella siempre ha sido muy especial conmigo”. A los sus 17 años, Kevin decide enfrentarse a su padrastro y ponerle fin al maltrato que tanta frustración y miedo le causó toda su niñez y adolescencia.

Amaba compartir con mi abuela materna, ella siempre ha sido muy especial conmigo”

A los 11 años de edad Kevin se muda de Medellín con su familia para Yolombó – Antioquia  por motivos del trabajo de su padrastro, ya que era policía y  tenía que estar trasladándose para donde lo mandan a cumplir con su labor. La mayoría de su adolescencia la vivió de pueblo en pueblo, duraba 1 a 2 años en cada uno de estos.  Cuando estaba en el colegio sufrió de bullying , en los primeros grados, no se atrevía a contarle a nadie de esto, era tímido, pero se le hacía fácil relacionarse con los demás compañeros.

Cuando llego a noveno grado decide enfrentar a los compañeros que lo querían molestar y hacerle amargo el tiempo en el colegio, y desde entonces se ganó el respeto de todos sus compañeros. Kevin recuerda con especialidad el apodo que le pusieron sus amigos del colegio. “Es muy charro como me llamaban, me decían “Fausto”, porque camino como el jugador Faustino Asprilla, como con los pies torcidos”. Entre sus muchas experiencias y paso por varias instituciones educativas de diferentes pueblos de Antioquia, el que más recuerda con especial cariño, es la de Frontino, pueblo donde vivió más de 3 años y donde al mudarse de allí ya estaba cursando el grado 11.

Es muy charro como me llamaban, me decían “Fausto”, porque camino como el jugador Faustino Asprilla, como con los pies torcidos”

Uno de los hechos que marco para siempre su adolescencia, fue la muerte de su tío materno Wilder, a quién mataron  violentamente con 3 tiros por su espalda. Recuerda que sus tratos eran los de un padre, ese padre que nunca tuvo. Era quien lo apoyaba y defendía, al que le tenía la confianza de contarle sus alegrías y sus tristezas. No obstante años más tarde sintió  un gran susto, pues su abuela materna tuvo que ser hospitalizada de urgencias tras agravarse del cáncer de hígado que padece. Afortunadamente pudo salir de ese mal momento en el que estuvo entre la vida y la muerte.

Recuerdos de pequeño con su tío Wilder

Kevin es un muchacho alegre, carismático, amoroso y muy sensible. Está ahí siempre para su familia y amigos, ve a sus hermanos como el motor que lo empujan a salir adelante y cumplir con sus sueños e ideales. Piensa que, en la vida hay que ser humilde y tener el corazón abierto para apoyar y escuchar a quien lo necesite. Cuando esta triste no se lo dice a nadie, tanto así, que su tristeza pasa desapercibida, suele guardar silencio y estar a solas cuando sus ánimos esta bajos, aunque pocas veces esto sucede, pues se considera una persona muy tranquila, que le gusta siempre estar rodeado por los demás. Su humildad se le nota a leguas, sin preguntárselo; cuando lo tienes al frente te saluda con una gran sonrisa de oreja a oreja, te sientes acogido y como si lo conocieras de siempre.

Actualmente cursa 6to semestre de Comunicación Social y Periodismo, está soltero y en busca de un empleo, pues no quiere seguir a merced de lo que le de su familia le pueda dar, y poder aportar económicamente y empezar a tener sus propios ingresos. Su principal propósito es ser un buen comunicador y estabilizarse económicamente para brindarle un futuro mejor a sus hermanos por parte de papá, porque a pesar de que su relación con ellos es distante siente un profundo deseo de brindarles un mejor futuro.

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