NUEVA JERUSALÉN: UNA COMUNIDAD OLVIDADA

Imagen extraída de la Alcaldía de Bello

El barrio Nueva Jerusalén es el tercer asentamiento informal más grande del país con un promedio de 30 mil habitantes que corresponden, principalmente, a víctimas de desplazamiento forzado en el marco del conflicto armado. Está ubicado en el municipio de Bello, Valle de Aburrá, entre París y La Maruchenga.  

El Barrio Nueva Jerusalén está ubicado entre  los  barrios París,  La  Maruchenga, predios del Hospital Mental  y algunas fincas particulares; es jurisdicción territorial del municipio de Bello en el Predio denominado como “El Cortado”, sin embargo, éste fue comprado en 1997 por la liquidada Corporación de Vivienda y Desarrollo Social (CORVIDE) adscrita al Municipio de Medellín, con el fin de  destinarlo a viviendas de interés  social. Desde entonces este predio ha sido ocupado por familias provenientes de regiones marcadas por el conflicto social y armado.   

Juan Pablo Cano es un joven voluntario independiente, que ha trabajado desde hace dos años y medio para mejorar la calidad de vida de las personas de Nueva Jerusalén, afirma que: “la historia del barrio ha sido muy difícil pero siempre la gente ha salido adelante creyendo en sus procesos, lastimosamente la negligencia del gobierno es notable y cada vez que ocurren desastres nunca proporcionan recursos, así que nos toca levantar a la gente a punta de donaciones.” 

En la mañana  del 12 de enero del 2017, la comunidad se sorprendió por la intervención de más de 700 efectivos de la Policía Nacional, Carabineros, Ejército y ESMAD, quienes acompañados por funcionarios de la Alcaldía de Bello y de Medellín,  buscaban desalojar y demoler 175 predios en donde vivían entre  600 a 1.000 personas. Según la Defensoría del Pueblo, el desalojo fue causado por el  “fallo del Juzgado 26 Administrativo Oral de Medellín, del 14 de enero de 2013, que dispone que las personas que están a 30 metros del retiro de la Quebrada La Loca, en terrenos de  riesgo,  por  encima  de  la  cota  máxima  de  prestación  de  servicios  públicos  y  las  ubicadas  en  el polígono minero sean desalojadas”. No obstante el fallo indica que las personas desalojadas debían tener garantías y alternativas de vivienda temporal y permanente por parte de la Administración Municipal de Bello,  pero el procedimiento realizado causó gran dolor y desconfianza en las personas notificadas ya que no se cumplieron las garantías expresadas en el fallo. 

La pandemia fue otro golpe para la comunidad, ya que la mayoría de su población se sostiene gracias a la economía informal, por este motivo, se encontraron sin el sustento económico necesario para garantizar condiciones de permanencia en sus casas. La extrema situación de abandono estatal los llevó a movilizarse con trapos rojos y ollas para pedir ayuda al resto de los colombianos. 

El pasado 22 de julio del 2020, el Barrio Nueva Jerusalén fue víctima de un incendio que consumió ocho viviendas, se atendieron 29 afectados de los cuales 3 tuvieron que ser remitidos con urgencia al Hospital Marco Fidel Suarez. La catástrofe iniciada por problemas en el cableado del barrio, por lo cual hubo asistencia del personal EPM, los cuales manifestaron “no poder hacer mayor intervención porque todos son cables ilegales”  

Juliana Roldan miembro de la organización “Mi Comunidad Sin Hambre” tras la situación expresa lo siguiente: “Como voluntaria no puedo expresar mucho sobre la actuación de la Alcaldía con los hechos ocurridos, pero cada vez es más notable para todos el abandono hacía este barrio, solo le pido al resto de ciudadanos que nos apoyen para levantar estas personas.” 

El 6 de noviembre del 2020, se volvieron a presentar desmanes entre la fuerza pública y los habitantes del barrio, ya que se ejecutaría el desalojo de aproximadamente 200 familias sin la garantía de reubicación.  

Al día de hoy la Alcaldía de Bello ha presentado intenciones de abrir diálogo con los líderes del barrio Nueva Jerusalén, sin embargo, no se ha llegado a ningún acuerdo que realmente supla las necesidades de las dos partes. Las situaciones precarias, la falta de servicios básicos y los desastres naturales, siguen siendo constantes en el barrio. Las familias continúan saliendo a las calles para conseguir el sustento diario, conociendo el riesgo de contagio que corren con la actual pandemia, Jessica Moreno habitante de Nueva Jerusalén expresa en nombre de toda la comunidad “Si no nos morimos por el virus, nos vamos a morir es de hambre”  

Sin embargo, contra todo pronóstico, la unión de fundaciones, organizaciones y personas solidarias, han hecho que la esperanza siga presente en el barrio, actualmente se ven campañas activas como “Mil pa’ Un Adobe” que consiste en la ayuda de personas externas con la donación de mil pesos para comprar adobes y así poder reconstruir viviendas afectadas.  

Entradas relacionadas

Deja tu comentario