El legado de mi padre

Alejandro Rúa Arango Nació en Medellín la ciudad de la eterna primavera el 23 de octubre del 2000 y actualmente vive en Aranjuez – Medellín. Es estudiante de Comunicación social y periodismo en la corporación universitaria Minuto de Dios y actualmente cursa el sexto semestre a sus 19 años, su rama favorita es la Radio en la que destaca por su tono de voz grave y muy comercial. Es un joven aparentemente tranquilo y amable reflejado por el café de sus ojos.

Su forma de vestir es particular, viste ancho y relajado no se ve como un joven preocupado, su contextura es gruesa y mide 1.80. Se auto percibe como una persona calmada, amigable y al mismo tiempo alegre, expresa que no tiene problemas ni se mete con nadie.

Le gusta el género musical Salsa en especial la romántica, cuenta que cada vez que su padre llegaba con unos tragos de más, encendía su equipo de sonido sin importar la hora y disfrutaba de su música favorita. Esta fue la herencia que le dejó su padre junto a su afición por el futbol, el cual ser su espectador presencial es el mayor y más importante de sus pasatiempos.

Su equipo favorito es el Atlético Nacional, se refiere a este con tanta pasión que se puede decir que es un hincha de puro corazón, un sureño como lo llaman. En sus colores favoritos para vestir destaca el blanco y el negro, cuando la situación lo amerita los fines de semana, se viste completamente de verde para alentar al equipo de sus amores en el estadio Atanasio Girardot, el mismo al que iba de la mano con papá desde el 2007 a la edad de 7 años.

Recuerda con euforia el primer partido al que asistió, el rival era Deportes Tolima, para él todo era nuevo, la inmensidad del estadio no lo asustó siendo un niño y por el contrario lo sintió como su segundo hogar, lo recuerda como un ambiente cálido lleno de personas amables y sonrientes, característico de los habitantes de esta región Antioqueña.

Hace 5 años a Damián Rúa el padre de Alejandro, un infarto fulminante le quitó la oportunidad de seguir recolectando buenos recuerdos con su hijo tanto dentro como fuera del estadio. El 7 de mayo del 2015 Damián dejó este plano presencial para seguir acompañando a su hijo desde el cielo y como dice el famoso refrán de un cantico verde: “por los parceros que ya no están” y es que aparte de todo Alejandro veía a su padre como un intimo amigo al cual le podía confiar todo lo que hacía, incluso compartir como amigos en las gradas del estadio saltando y gritando cada vez más fuerte.

LA VIDA DENTRO DEL ESTADIO

Alejandro cada domingo se viste de verde para ir alentar al Atlético Nacional, se levanta de su cama como en el cantico: “despertás y ya sabes, no es un día más, es un día especial” siempre pensando que dicho equipo va a ganar ese fin de semana.

Sale de su casa y aborda el Metro en la estación Tricentenario con dirección a la Estrella, hace transferencia al llegar a la estación San Antonio, tiene que pasar ansioso antes por Cisneros, Suramericana y llega a su destino estación Estadio, donde todos los sureños son amigos, compañeros y familia, Alejandro llega previamente al partido para encontrarse con sus amigos y compartir un rato agradable con ellos, luego de esto se dirige directamente al estadio para hacer la fila de ingreso de los abonados. Cuando por fin logra entrar el ambiente sencillamente inspira pasión, “dan ganas de saltar desde el momento en el que entras, se despliegan trapos, banderas y ni hablar cuando hace su ingreso espectacular la instrumental, desde las escaleras de abajo hasta el centro de la tribuna sur alta”.

La sensación de celebrar un gol Alejandro la describe como inexplicable, se abrazan unos a otros sin conocerse, en ese momento no importa si estás sudado o cansado, se grita a todo pulmón y si es un clásico se deja la vida gritando cada gol y alentando los 90 minutos del partido.

Al llegar el final del compromiso sea cual sea el resultado, victoria, empate o perdida se disfruta igual, se termina la tarde o la noche exhaustos porque se dejó todo en la tribuna, pero con la convicción de que el equipo los sintió alentando en cada segundo del partido. Alejandro sale del estadio, toma la misma ruta de regreso a casa y llega sintiéndose un hombre victorioso y no necesariamente porque su equipo haya ganado, si no porque la vida le dio una oportunidad más para ver al equipo de sus amores y disfrutar el legado de su padre.

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