CAUTIVO EN EL ABISMO DE LA CUARENTENA

Juan José realizando un tatuaje Free Hand a finales de Diciembre del año 2020.
Tatuador realizando trabajo a mano libre.

CAUTIVO EN EL ABISMO

He pasado días pensando en dar el salto, siento que nada anda bien y no mejorará pronto para mí, el agobio es tal que me veo obligado a enterrar mi existencia en deudas y problemas para poder vivir decentemente un día más, pero no estoy seguro de cuánto tiempo más podré esperar a que aparezca esa famosa luz de esperanza al final del túnel.

Hace un año y medio terminé de hacer mi curso para ser tatuador,  me sentía en paz, feliz y orgulloso al ver mi nombre grabado con tinta en ese minúsculo diploma “Juan José Hurtado”. Por un momento fui lo suficientemente ingenuo para creer ese papel el final de mis problemas y el inicio de grandes cosas en mi vida ya que, aunque caí una y mil veces en mi Skate (Tabla) no logré conseguir el patrocinio que tanto deseaba, pero no, no fue así.

Por meses todo iba bien, despegaba poco a poco tatuando en una Tattoo store llamada “Inka Tatoo Estudio”, estaba feliz al comenzar a trabajar como tatuador y ganaba el dinero suficiente para saldar mis gastos y un par de deudas las cuales me ahogaban desde hace tiempo, era alucinante que todo marchara tan bien para mí y era consciente de ello, como si yo mismo me encargara de llamar esos malos acontecimientos en mi vida buscando hundirme más.

Desde mis 14 años monto tabla, y justo en este momento es cuando más lo necesito, me he levantado los últimos días desde muy temprano para salir y montar en las calles, pero por la cuarentena todo se ha complicado un poco. He perdido dos amigos en pandemia y no exactamente por este estúpido virus, requiero un abrazo fuerte de un amor o un colega porque no he dado el luto requerido a estas pérdidas ya que odio estar solo con mis pensamientos, podría desatar nuevamente conductas en mi como la auto flagelación y es lo que menos quiero en esta etapa de mi vida.

Pensaba que con la llegada del nuevo año esta cuarentena daría tregua para reactivarme, pero choqué con la realidad dándome cuenta de cuanto aumentan a diario los contagios de este maldito virus. Nunca le tuve miedo, y menos ahora. Tomo mi tabla y salgo a las calles ya sea de día o de noche sin miedo a nada, ya no respeto la ley ni las restricciones, cada día me siento peor, me siento más solo y no logro seguir creciendo en mi proceso como tatuador. Algunos días suelo amanecer en Skateparks como la 4 sur, ya sea montando o dándome unas caladas de cigarros o marihuana para sentirme un poco mejor, aunque sea un “pajazo mental” y sepa que realmente no ayudará para nada.  

Llega la semana santa y me recibe acostado en el Skateparck de la 4 sur, había pasado toda la noche sentado en el cesped dibujando calcas (stickers) para venderlos al siguiente día, ya fuera aquí o en cualquier otro lugar, necesito el dinero y el prolongamiento de las medidas de restricción de la movilidad en el valle no ayudan, he pasado malos días y el cansancio me ganó aquí. Un sonido de moto se aproxima y se detiene cerca de mí, al instante un movimiento brusco me despierta, el sol apenas sale pero me aturde su luz, cuando logro enfocar veo el uniforme de un par de policías que me despertaban para obligarme a retirarme del lugar. Tomo mi morral, recojo mis cosas y me retiro con mi tabla bajo el brazo devolviendo la mirada momentaneamente para asegurarme de que no me seguirán o algo.

Mientras camino por el puente interurbano de la 4 sur prendo un bareto (cigarrillo de marihuana) y me acerco al borde para ver el río, me paso la medio valla que tiene al costado izquierdo, me siento, fijo mi vista hacia el agua y las rocas que se logran divisar debajo de mi mientras por mi mente solo pasan pensamientos de lo mal que va todo, de lo miserable que se torna mi vida, de lo  fuerte que es luchar para intentar minimamente subsistir y el cómo, ni haciendo lo que amas, no logras salir adelante sin fallar repugnantemente en el proceso.

Saco mi celular del bolsillo, me coloco mis audífonos y los conecto al dispositivo, busco en mi playlist una canción para calmar mis impulsos de arrojarme a las rocas (Bahía – Lasser & Cráneo), mi corazón late al compás de la canción, el efecto de la marihuana relaja mi cuerpo el cual cede poco a poco dejando caer su peso hacia el tubo metálico que tengo a mis espaldas y suelto un leve suspiro dejando que el sol repose sobre mi rostro.

Llevo meses buscando alternativas, he intentado tatuar en casa, he diseñado stickers, crear marcas de ropa, vender gorras, he buscado opciones y ninguna me sirve. Después de tanto pensarlo, me resulta aún más atractivo dejar mi cuerpo caer, pero algo dentro de mí no me deja; Me levanto y retorno mi camino a casa, al llevar me cuentro con la pelea de siempre que tanto me agobia.

 – ¿dónde estaba y por qué no contesta?, ¿cuando pretende conseguir un empleo de verdad?, ayude en la casa mejor y deje de andar perdiendo el tiempo con esas estupideces de esa tabla y esos tatuajes, haga algo productivo – dice mi madre.

Juan José narrando su historia mientras da caladas a su cigarro de marihuana y coma cerveza.
Juan José liberando energía y estrés en un skatepark del municipio de Envigado

Sus palabras retumban en mi cabeza, pero solo quiero descansar y volver a intentarlo mañana, quiero pensar que solo es un mal momento, una pequeña etapa, una mala racha, la tormenta que me traerá calma, algo de lo que me reiré en unos años, no quiero que las cosas acaben así para mi. Recuesto mi cabeza con al almohada y tapo mis oídos con mis manso para ahogar las palabras de mi madre que me impulsan más y más a tomar una navaja y hacerme un corte que acabe con todo esto.

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